En Atlético Nacional hay una realidad que no admite maquillaje: el equipo fue armado para competir en grande en el primer semestre de 2026, pero su zona más sensible hoy amenaza con comprometer el proyecto.
De mitad de cancha hacia adelante, el entrenador Diego Arias tiene variantes, talento y soluciones. Puede planear partidos y también corregirlos. Tiene recambio, desequilibrio y nombres que marcan diferencia. Sin embargo, en la defensa central el panorama es otro: allí no hay abundancia, no hay jerarquía sobrante y, lo más preocupante, no hay margen.
Una grieta que viene de la planificación
La preocupación no nace únicamente de los primeros partidos del año. Es estructural.
Atlético Nacional completa dos años sin un fichaje de verdadero peso para la zaga central. Y eso no es un detalle menor en un club que aspira a competir internacionalmente cada semestre.
En 2026, las grietas se hicieron visibles. La defensa ha mostrado dudas en cierres, desajustes en coberturas y fragilidad en el juego aéreo. Lo alarmante no es solo el error puntual, sino la sensación de inseguridad constante.
Mientras el club invirtió fuerte en zonas ofensivas, en el fondo se apostó por continuidad y alternativas internas. Hoy esa decisión pasa factura.
Todo el proyecto en juego el próximo miércoles
El próximo 4 de marzo, en el Estadio Atanasio Girardot, Nacional se juega buena parte de la temporada ante Millonarios FC por la Copa Sudamericana.
Es un duelo de eliminación directa. Quien pierda se quedará sin competencia internacional el resto del año y, de paso, perderá una inyección económica importante.
Hoy, a cinco días del compromiso, el mayor foco de incertidumbre está en la dupla central conformada por Simón García y César Haydar. No es una afirmación caprichosa: lo mostrado en este inicio de temporada no transmite garantías.
Y el contexto agrava el escenario. Millonarios viene de golear 5-1 al Deportivo Pereira y sus delanteros atraviesan un momento fino. Es un rival que exige concentración absoluta en los últimos metros.
Nacional tiene pólvora arriba, sí. Pero atrás hace aguas.
La dependencia absoluta de Tesillo
En este momento, todo el entorno verdolaga cruza los dedos por la recuperación de William Tesillo.
El defensor, referente y hombre de experiencia en la zaga, arrastra molestias físicas desde hace semana y media. Incluso si logra llegar al partido, lo hará con falta de ritmo competitivo tras casi dos semanas de inactividad.
Y si no llega, el panorama es aún más delicado.
Detrás de García y Haydar solo aparecen los juveniles Néider Parra y Fabio Martínez. Lanzarlos a un partido de esta magnitud sería un riesgo mayúsculo. No por falta de talento, sino por el peso específico del compromiso.
La conclusión es clara: hoy Nacional no tiene un plan B sólido en su defensa central.
Una decisión que debilitó al equipo
Pero el problema no es solo coyuntural. Es de fondo.
En la misma semana, el club decidió desprenderse de dos alternativas que ya conocían la casa y habían mostrado rendimiento:
- Juan José Arias, quien en 2025 ganó liderazgo y fue titular sostenido, partió rumbo a la MLS.
- Royer Caicedo, alternativa joven con minutos importantes en el primer equipo, fue transferido al fútbol belga.
Ambos salieron sin que llegara un reemplazo de nivel similar.
Eso no es mala suerte. Es una decisión de planificación.
Una dirigencia que priorizó otras zonas
Desde hace dos mercados, la hinchada ha insistido en reforzar la defensa con un zaguero de experiencia que compita directamente con Tesillo. La respuesta desde la dirección deportiva, encabezada por Gustavo Fermani, ha sido mirar hacia otras posiciones.
Recientemente se deslizó que en junio el club hará un esfuerzo por repatriar a Stefan Medina, actualmente en México. Y si esa operación no prospera, se evaluaría la opción de Juan Felipe Aguirre, quien actúa en Brasil.
El problema es evidente: junio puede ser demasiado tarde.
Porque el partido decisivo es ahora.
Copa Sudamericana: el riesgo real
Atlético Nacional tiene plantel para competir arriba. Tiene variantes ofensivas, talento y nombres de peso. Pero el fútbol no se juega solo en el último tercio del campo.
Un error defensivo en una noche de eliminación directa puede sepultar meses de trabajo y una inversión considerable.
La sensación que queda es que el club subestimó una zona crítica del campo. Apostó a que lo que tenía alcanzaba. Hoy esa apuesta se ve frágil.
El próximo miércoles no habrá margen para diagnósticos ni promesas de refuerzos futuros. Será el momento de la verdad.
Y si la defensa no responde, la planificación quedará expuesta sin atenuantes.
