Mitos del Fútbol

Mitos del fútbol: cómo marcar goles

Nadie puede negar que el fútbol da amigos y muchas sensaciones intensas y momentos inolvidables. Esto ocurre en cualquier cancha y potrero del mundo. Muchos jóvenes sueñan en convertirse en jugadores profesionales y se la pasan estudiando, viendo y analizando a las estrellas, y practicando. Pero por mas profesional y bueno que se sea, en el fútbol hay mucho de azar, a veces parece una ruleta.

Este artículo puede servir de orientación a muchos futuros jugadores ya que desmentimos algunas creencias de cómo marcar un gol. Pero también a muchos jugadores de apuestas deportivas en línea, quienes con estos conocimientos quizás puedan cambiar sus estrategias de apuestas. Si todavía no conoces nada de este mundo puedes conocer más en esta página.

Quien tiene la ventaja no siempre gana. En un partido hay que estar dispuesto a ganar cada segundo, durante los 90 minutos del encuentro la mente tiene que estar puesta en ese objetivo. Muchos jugadores cuando el marcador se pone en su contra comienzan a distraerse y desesperarse. Esto es un gran error y sobran los ejemplos de partidos que se han dado vuelta gracias a la mentalidad correcta.

A llegar y jugar dentro del área rival se lo considera como lo más difícil. Hay que ser muy valiente para hacer, ya que allí se pega mucho. Esta es otra de las falsas verdades absolutas, la realidad es que los fouls más fuertes se cometen fuera del área. Y la razón no puede ser más sencilla, dentro del área es penal. En cambio, en el resto de la cancha, nadie tiene miedo de pegar. Y lo hacen más fuerte cuanto más lejos te encuentres del arco. Pero los silbidos de la tribuna duelen más que las patadas, por eso el temor a tener la oportunidad de marcar un gol y no ser capaz de convertirlo es lo que hace que la mayoría no llegue al área.

Viendo el partido por televisión todo parece más claro, lento y fácil, uno tiene más visión para planificar la jugada y hacer el gol. Pero en la cancha, la definición se produce en fracciones de segundos. Incluso en el mejor de los casos la ejecución siempre está sujeta a eventualidades, desde el desvío por parte de un rival hasta el viento que eleva la pelota unos centímetros y la envía afuera.

Por eso, cuando se convierte el gol, en la mayoría de los casos, es por culpa de un error. No solo de quienes debían defender, también de quienes atacaban. Como mencionamos, los remates suelen ser defectuosos y ante la desesperación de un portero que esperaba el remate lógico según la posición del atacante, el disparo finalmente se transforma en gol.

El gol, en bastantes ocasiones, viene del rebote. Un jugador debe estar ahí presente, atento al error, para aparecer inesperadamente y empujar la pelota a la red. La decisión de rematar y la fe inquebrantable son indispensables para aprovechar esa fracción de segundo. No hay que pensarlo dos veces cuando hay una situación de remate. Si hay que pegarle a la pelota desesperadamente con la rodilla o de chilena hay que hacerlo. Los mejores goles no suelen ser ortodoxos. No hay que esperar que te la dejen perfectamente colocada. Hay que anotar sea como sea.

 


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