Una decisión administrativa terminó conectando al mundo empresarial con el entorno de Millonarios Fútbol Club. La Superintendencia de Sociedades impuso una multa de $40 millones al empresario francés Joseph Oughourlian por no revelar de manera oportuna su condición de controlante de Azul & Blanco Millonarios FC S.A., la sociedad que administra al club capitalino.
Aunque el hecho es de carácter societario y no deportivo, el nombre del equipo embajador aparece en el centro del análisis por tratarse de la compañía que gestiona su operación.
La razón de la sanción
El proceso se originó tras una verificación de la entidad, que concluyó que la situación de control no fue inscrita dentro de los plazos establecidos ante la Cámara de Comercio de Bogotá, como lo exige el artículo 30 de la Ley 222 de 1995.
Dicha norma obliga a informar formalmente cuándo una persona natural o jurídica ejerce control real sobre una sociedad. En este caso, el empresario reconoció esa condición a través de la firma Blas de Lezo Inversiones SL, pero la comunicación no se realizó en el momento que correspondía.
La sanción no cuestiona la existencia del control, sino la tardanza en hacerlo visible oficialmente.
Transparencia y gobierno corporativo
El superintendente Billy Escobar Pérez explicó que el régimen de matrices y subordinadas busca dejar claro quién ejerce el poder decisorio real dentro de las organizaciones, más allá de la estructura jurídica adoptada.
En términos prácticos, la revelación oportuna de la estructura de control:
- Permite mayor seguridad jurídica.
- Facilita la evaluación de riesgos por parte de inversionistas.
- Reduce posibles zonas grises en la toma de decisiones.
- Refuerza la confianza del mercado.
Cuando se trata de sociedades que administran clubes de fútbol profesional, el impacto trasciende lo deportivo. Estos equipos manejan recursos importantes, despiertan pasiones y generan efectos económicos y sociales relevantes.
¿Qué implica para Millonarios?
Desde el punto de vista institucional, la medida no altera la operación deportiva ni implica cambios administrativos inmediatos en el club. Se trata de un reproche formal por el cumplimiento tardío de una obligación societaria.
Sin embargo, el caso vuelve a poner sobre la mesa la importancia de la claridad en la estructura de propiedad en organizaciones que combinan negocio, inversión y sentimiento colectivo.
Mientras en la cancha se habla de fichajes y resultados, en los despachos también se toman decisiones que influyen en la estabilidad y credibilidad de las instituciones.
Un mensaje más allá del fútbol
La Superintendencia reiteró que la revelación del control no es un simple trámite. Es un mecanismo que fortalece la transparencia y evita conflictos de interés.
En un sector como el del fútbol profesional, donde confluyen recursos privados, escrutinio público y alta exposición mediática, la correcta inscripción de la información societaria se convierte en un factor clave para la confianza.
El episodio deja una lección clara: detrás de cada escudo y cada camiseta existe una estructura empresarial que debe cumplir reglas precisas. Y cuando no ocurre en los tiempos fijados por la ley, las consecuencias llegan.




