Esta vez hubo cambio de planes con Luis Muriel. Suplente, la misión de jugar llegó para él en el primer tiempo.
No para el complemento, en la función de ser un estupendo rematador de partidos, como se la ha encasillado.
Nada de eso. Aquí, contra la Roma, le tocó entrar cuando las papas queman. Áspero ambiente, hostil contexto de un Atalanta en turbulencia, estremecido en sus cimientos por cuenta de un práctico Roma. Llegó a Bérgamo con el objetivo de exasperar a su rival.
En la presagiaba que era un partido con goles. Pronóstico acertado. Lo que no estaba en los planes de nadie (o de pocos, tal vez) era que la visita fuese tan generosa en su propuesta ofensiva. Se encontró con dos goles antes de la primera media hora de juego.
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Puso contra las cuerdas al Atalanta, que entre sus titulares contaba con Duván Zapata. Fue entonces, cuando en medio del caos el técnico Gian Piero Gasperini tuvo que hacer un cambio. Luis Muriel entró por Berat Djimsiti.
Su llave del gol en el cometido de cerrar partidos, esta vez le sirvió para evitar una hecatombe al cierre del periodo inicial. Muriel probó suerte desde el borde del área y su disparo dio en el objetivo, previo desvío en un rival. Le dio el descuento al Atalanta. Fue, por cierto, su tercer gol de la actual temporada.