El testimonio de Víctor Aristizábal: Una lección para el fútbol y la vida

¿Cuál es el mejor entrenador? Víctor Aristizábal recordó cómo fueron sus épocas como aficionado hasta convertirse en un profesional. Un camino lleno de adversidades, en el cual encontró manos amigas. Técnicos que para él fueron determinantes, no tanto por sus conocimientos, sino porque lo conocían muy bien y estaban pendientes de él.

Que sea una lección para la vida. Un testimonio que toca las fibras de cualquier persona. Luchar con los problemas a cuesta, por más difíciles que sean. Eso es lo que crea una verdadera fortaleza mental. Sin doblegarse, con convencimiento.

Las palabras de Víctor Aristizábal cargadas de sentimiento retratan la vida de un deportista a quien le tocó convivir con el dolor. La tragedia por perder a su padre cuando tenía 13 años propició un cambio radical, llenó de luchas y con amor propio. Basado en esa historia, el gran goleador que tuvo el fútbol colombiano justificó la importancia de la fortaleza mental en la vida de un deportista.

El testimonio fue entregado durante una emisión en vivo de FOX Sports Radio Colombia, programa del cual Víctor Hugo es uno de los panelistas.

“Yo perdí a mi padre a los 13 años. Eso fue un batacazo porque él nos sostenía a nosotros. Éramos 4 hermanos y mi mamá no trabajaba. Nosotros estudiábamos, entonces nos quedamos sin nada porque lo mataron. O te quedas en ese bache de depresión, como se lo dijimos a mi mamá, o intentas salir adelante. Nosotros hablamos y decidimos que no nos podíamos quedar ahí porque mi mamá entró en el alcoholismo y pasaban muchas cosas.

Si te quedas en la laguna, de pensar en que no hay comida, no hay estudio, ¡te quedás!.. Pero no. Tuvimos mentalidad para salir adelante y yo quise ser un profesional para sacar mi familia adelante y mentalmente lo logré. Eso depende de uno y lo logré porque me mentalicé. La mentalidad es de uno.

Yo estudiaba, entrenaba, ayudaba a mi mamá. Hacía un poco de cosas, que no tenían que ver con mi juventud, pero lo hacía. No quería quedarme pobre, no quería ver a mi mamá sufrir”.

El goleador recordó esta historia con tanto sentimiento, que fue inevitable el llanto. Tras una breve pausa, en la que tomó un segundo aire, Aristizábal aún tenía más para contar sobre un tema que, como dijimos atrás, no solo atañe a un deportista. Es cuestión de vida acerca de cómo sobrellevar los problemas de cualquier índole.

“Afortunadamente para mí las cosas malas uno las tiene que llevar para su profesión, para salir adelante. Yo decía: ‘Tengo un don, esto es como un don’. Jugaba bien y tenía la oportunidad. Había gente que me ayudaba y me daba la mano. Yo no me soltaba de ellos, yo lo escuchaba porque era mayor que yo. Me ayudó a ser profesional, a tener mucha disciplina.

Yo tengo una escuela de fútbol y el único ejemplo que les digo es: ‘Yo tuve compañeros mucho mejores que yo, pero mucho. Extraordinarios jugadores, pero no tenían la disciplina que yo tenía. Con mi disciplina fue ascendiendo y ellos se quedaron atrás…”

Las personas que lo ayudaron, esos entrenadores que en verdad valen la pena, son los que se preocupan por el jugador. Los que conocen muy bien su mente, lo que siente, cómo vive. A ese tipo de técnicos se refiere Víctor Aristizábal como los mejores.

“Desafortunadamente toda esa gente que Nacional tenía no está. El caso de Nelson Gallego, de Juan José Peláez. Ellos me trabajaban la mente. Si el entrenador te trabaja mentalmente y te conoce mentalmente tiene todo ganado. Así no sepa de táctica, de estrategias… ¡vos entrabas a la cancha y te matabas por él! Yo me mataba por el entrenador. ¡Hasta lesionado jugaba! Y lo hacía porque él me conocía, sabía cuándo estaba enfermo, cuándo tenía hambre, cuándo mi mamá sufría, mis hermanos. Ellos me conocían… Eso me ayudó como un verraco y salía adelante por ellos porque ellos me ayudaban. Iban a mi casa, me visitaban. Sabíamos qué teníamos o no de mercado. Ese es el verdadero entrenador. No el que te enseña táctica… ¡yo me mataba por ese entrenador!”