Máyer Candelo y el misterio de la camiseta pisoteada

Si fuera verdad y no hubiese sucedido en mayo del año 2003 sino ahora, quizás el “titular gancho” sería algo así como: Jugador de Millonarios es insultado por un hincha y pisó la camiseta.

O, agregándole más picante: “Video: ¿Mayer Candelo pisó la camiseta de Millonarios?”

Tampoco faltaría el título escrito con rabia o algo de ironía: Mayer pisotea a la hinchada de Millonarios.

Luego, los memes (burlándose de la hinchada de Millonarios), el video más viral, el que suben en Twitter con el hashtag que se hace tendencia, el que también va para los likes y me divierte en Facebook, el del Tik Tok para que le saquen muchas versiones hilarantes, el que va para las historias de Instagram.  La broma de moda de la que se aferran los hinchas de otros equipos para burlarse.

Contado por el propio Candelo, a él lo tomó por sorpresa cuando Héctor Fabio Báez, en ese entonces el gerente deportivo del equipo, lo llamó para decirle que estaba despedido. No va más en Millos. “¿Cómo así, si yo no he hecho nada?”, le dijo Máyer, sorprendido. “Usted tiró la camiseta”, le explicaron.

Que un jugador de un equipo pise la camiseta del club que le paga, en un partido de local, claro que amerita una sanción. Ahora, de allí a que sea cierto lo de Máyer…

En el 2022 algo semejante nunca pasaría inadvertido. En el 2003, cuando en El Campín había mallas que separaban las graderías del campo, sin la tecnología de ahora, solo la prensa deportiva podía dar testimonio, siempre y cuando estuviera en el lugar de los hechos.

A Candelo lo despidieron “sin justa causa”, como dice el acusado. Aún afirma no haber cometido semejante afrenta contra un club y una afición que terminaron por gobernar en su corazón: “Soy hincha del Deportivo Cali, pero amo a Millonarios”, dijo quien considera al cuadro Embajador y su gente como su “mar azul”.

¿Qué pasó esa noche?

Millonarios jugó de local contra Centauros de Villavicencio, partido correspondiente a la fecha 2 en el Grupo B de los cuadrangulares. Compartían zona con Junior y el Deportivo Pereira. En el rival azul, que cumplía con su primera temporada en la máxima categoría, había fervor y mucho dinero. Se armaron hasta los dientes para ser protagonistas, con exceso de veteranos y un DT de pasado azul (Umaña tomó el timón soltado por Luis Cubilla, quien no duró un mes). Ser protagonistas y, por qué no, apaciguar los ímpetus de algún grande, como le pasó al cuadro Embajador, en ese entonces dirigido por Norberto Peluffo.

Millos venía de perder 2 – 1 en Barranquilla, así que este compromiso, disputado entre semana, de noche y con muy buena asistencia de público en El Campín, hacía necesaria una demostración de jerarquía por parte del cuadro azul.

Fue la horrible noche embajadora, con desastres por doquier…

Centauros se adelantó en el marcador con un autogol de Hermes Martínez, Millonarios empató (Julián Téllez), apenas con lo justo y sin ser su mejor noche. Le costaba contra un rival dispuesto a complicarlo hasta el hartazgo. En una acción infortunada Héctor Búrguez, el icónico arquero uruguayo, símbolo de Millonarios durante muchos años, sufrió dos fracturas, dedo anular y antebrazo derecho. Arriesgó tras un rebote que él mismo concedió en un tiro libre que le patearon de larga distancia. La desazón absoluta, como si todo lo anterior fuera poco o nada, llegó cuando Máyer Candelo dilapidó la victoria por errar un penalti contra un arquero recién ingresado.

De gran temporada hasta ese día, Máyer era el jugador más importante de Millonarios en materia ofensiva. La irreverencia de su fútbol en su máximo esplendor, salvo ese día. Había fastidio en las tribunas, bronca, un sentimiento de impotencia al ver que el equipo no estaba en su noche.

“En ese entonces El Campín tenía mallas. Bajando al camerino se amontona la gente a tratarte mal”, recordó Candelo. En su versión de lo sucedido, el detonante fue un insulto.

“¡Lárgate!, ¡ladrón!, ¡provinciano! Me escupió y yo reaccioné, como de carne y hueso que soy”. El diario El Tiempo recogió otras declaraciones: “Doy la cara porque siempre la he dado. Soy responsable del error que cometí. Pero los hinchas son así. Acá he puesto todo de corazón. Doy y espero recibir, pero no cosas como esta. Ahí les dejo su camisa y me voy si es lo que ellos quieren”.

“Lo único que hacía era aportar y le pegué a la malla. Estaba la cara de él ahí y después me bajé. Cuando al otro día, que yo tiré la camisa”.

Nicolás Samper, periodista deportivo, aportó una ficha más para resolver el misterio. En una crónica que sobre aquella noche escribió para El Espectador, insiste que nunca hubo tal comportamiento deleznable por parte del futbolista: “Observé cómo Candelo lanzó la camiseta para alguien en el banco, pero sin intención de nada diferente a pasarla, como cuando uno le arrojaba un saco a un compañero de colegio”.

Mayer, cabizbajo y sin que le pagaran completo (lo despidieron debiéndole dinero) se marchó de Millonarios, jugó en el Deportivo Cali, amagó con estar en Santa Fe, fue al Cortuluá, volvió al Cali, fichó por el Deportes Tolima, se marchó para el sur del continente, fichado por la Universidad de Chile. Después jugó en Perú con Universitario, Juan Aurich y César Vallejo.

“Volví en 2011, después de 9 años, y fue difícil porque había hinchas que no me querían y me insultaban. Pero mi idea era demostrarles que era más fuerte que ellos, que no les debía nada y que siempre fui honesto para trabajar”.

La segunda parte, mejor que la primera, se tradujo en 2 títulos: Copa Postobón 2011 y la liga del segundo semestre del 2012. Integró el plantel que rompió la sequía de 24 años sin títulos de Primera División.

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