La derrota 1-2 en casa frente a Atlético Nacional volvió a encender el ambiente alrededor de Independiente Santa Fe. Los cuestionamientos hacia Pablo Repetto crecieron con fuerza y el debate en la tribuna cardenal ya no se limita al resultado, sino al rumbo del proyecto.
Mientras los partidos pasan sin señales claras de evolución, el nombre de otros entrenadores empieza a sonar en el entorno rojo. Hace unos días fue Pablo Peirano; ahora el que vuelve a escena es Jorge Bava.
Pablo Repetto: rápido desgaste
El ciclo del entrenador uruguayo comenzó con un título de Superliga frente a Junior FC, pero el impulso inicial parece haberse diluido.
Hasta ahora, el balance es de 11 partidos dirigidos, con apenas 3 victorias, cinco empates y tres derrotas. Más allá de la estadística, lo que inquieta es la sensación de falta de identidad: el equipo no muestra una idea de juego consistente, perdió agresividad y tampoco impone condiciones con claridad en El Campín.
La inversión realizada para afrontar liga y Copa Libertadores elevó las expectativas. Por eso, el margen de paciencia empieza a reducirse en un semestre que promete ser largo.
El nombre que sobrevuela: Bava
En medio del inconformismo, el recuerdo del título conseguido en junio de 2025 mantiene vivo el nombre de Jorge Bava. Sin embargo, su presente tampoco es estable.
Actualmente dirige a Cerro Porteño, donde, pese a haber sido campeón en diciembre, atraviesa un arranque irregular de temporada. La reciente derrota en el clásico ante Olimpia incrementó la presión en Asunción.
Aunque recibió respaldo público tras una reunión con la dirigencia, el ambiente alrededor de su proceso no es sólido y las críticas apuntan a la falta de evolución del equipo.
Una fractura que dejó la puerta prácticamente cerrada
Más allá del momento deportivo, el verdadero obstáculo para un eventual regreso de Jorge Bava está en el plano institucional. La relación quedó seriamente deteriorada tras su abrupta salida en septiembre de 2025, cuando decidió aceptar una oferta económicamente superior de Cerro Porteño.
La partida no fue una decisión consensuada ni planificada en conjunto. Por el contrario, en la dirigencia de Independiente Santa Fe esperaban cerrar el semestre y, posteriormente, sentarse a negociar una renovación con mejora salarial y un proyecto deportivo más robusto. El presidente Eduardo Méndez intentó persuadir al entrenador para que postergara su salida, pero la determinación ya estaba tomada.
Desde entonces, la lectura interna fue clara: el máximo dirigente considera que el técnico dejó el proceso inconcluso en un momento clave. Esa sensación de ruptura pesa más que cualquier análisis futbolístico y hace prácticamente inviable que ambas partes vuelvan a sentarse a dialogar en el corto o mediano plazo.
El malestar no se limitó a los despachos. En el camerino también quedaron heridas. Referentes como Hugo Rodallega, Daniel Torres, Emanuel Olivera y Andrés Mosquera Marmolejo sostuvieron reuniones previas a su salida para intentar convencerlo de continuar al frente del grupo. Le hablaron con franqueza sobre la importancia de mantener la estabilidad y culminar el torneo, pero el técnico ya había definido su futuro.
Esa combinación de molestia dirigencial y desencanto en el vestuario es lo que hoy alimenta la versión de un veto interno. No se trata únicamente de resultados o de nostalgia por el título conseguido; el trasfondo es una ruptura de confianza que, hasta ahora, no parece tener punto de retorno.
¿Cambio cercano en Independiente Santa Fe?
Hoy no se percibe un relevo inmediato en el banquillo. Salvo una cadena negativa de resultados en las próximas jornadas, el club mantendría el respaldo al actual entrenador.
Así, el escenario es paradójico: mientras el entorno exige un golpe de timón, la alternativa más evocada por la tribuna tendría la puerta prácticamente cerrada.
Santa Fe navega en aguas agitadas, pero el timonel, al menos por ahora, no cambiará de manos.
