El apodo nació en la Vuelta a Colombia de 1952, cuando un antioqueño llamado Ramón Hoyos se levantó de una caída y siguió trepando montañas como si la gravedad no lo tocara. Setenta y cuatro años después, la palabra sigue viva en el pelotón europeo, aunque en la Vuelta a España 2026 solo la lleven cinco corredores colombianos.
Pocos apodos deportivos han viajado tan lejos con tan poca explicación. En Francia, Italia y España se dice escarabajos sin traducirlo, igual que se dice maglia rosa o maillot amarillo. Pero el origen es rigurosamente colombiano y tiene fecha, escenario y protagonista.
1952: una caída en la carretera a Honda
La escena ocurrió en la Vuelta a Colombia de 1952, en la etapa entre Bogotá y Honda. Ramón Hoyos Vallejo, un antioqueño que terminaría convertido en el primer gran ídolo del ciclismo nacional, sufrió una caída que lo dejó momentáneamente sin sentido. Se levantó, se subió a la bicicleta y siguió. Y no solo siguió: volvió a atacar en la montaña con esa cadencia corta y obstinada que ya empezaba a llamar la atención de los cronistas.
De aquella carrera salió la frase. La versión más difundida se la atribuye al narrador José Enrique Buitrago —»¡No es un humano, es un escarabajo en bicicleta!»—, aunque otras la ponen en boca de Carlos Arturo Rueda, la voz que durante décadas contó el ciclismo por radio a un país entero. La disputa sobre la autoría nunca se resolvió del todo, y a estas alturas forma parte del mito.
Por qué un escarabajo y no otro animal
La comparación no era caprichosa. Los coleópteros trepan superficies verticales gracias a diminutas vellosidades adhesivas en sus patas: suben donde nada más sube, sin aparente esfuerzo y sin caerse. Eso era exactamente lo que veían los espectadores en las carreteras destapadas de la cordillera: hombres pequeños, de piernas cortas y pulmones formados a 2.600 metros sobre el nivel del mar, ascendiendo puertos que dejaban a pie a los demás.
El apodo era, además, profundamente clasista en su origen y luego se dio vuelta. Nació describiendo a campesinos y obreros que corrían con bicicletas prestadas, y terminó siendo una insignia de orgullo nacional.
La fisiología ayudó a sostener el relato. Crecer y entrenar en altura estimula la producción de glóbulos rojos y mejora el transporte de oxígeno, una ventaja que se nota justo donde el ciclismo duele: en pendientes largas y sostenidas. A eso se sumó una geografía que convirtió el entrenamiento en rutina obligatoria: en Colombia no hay que buscar la montaña, la montaña está en el camino al trabajo.
Los años 80: cuando el mundo aprendió la palabra
El salto internacional llegó tres décadas después. Luis Herrera y Fabio Parra convirtieron el Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España en territorio conocido para los colombianos, y con ellos el término cruzó el Atlántico. Cuando Egan Bernal ganó el Tour en 2019 y el Giro en 2021, la prensa europea recurrió otra vez al mismo sustantivo: los escarabajos habían llegado a la cima.
El presente incómodo
Y aquí aparece la pregunta que agosto de 2026 puso sobre la mesa: ¿queda algo de esa era?
En el Tour de Francia de este año, ganado por Tadej Pogacar —su quinta corona—, el mejor colombiano fue Egan Bernal, vigésimo a 1 hora, 47 minutos y 58 segundos del esloveno. Harold Tejada terminó 26º y fue el más combativo del grupo nacional, con un segundo puesto de etapa; Sergio Higuita cerró 38º. Einer Rubio abandonó en la etapa 19 tras un incidente en el Alpe d’Huez y Fernando Gaviria se retiró por una caída en un esprint.
La Vuelta a España, que arrancó el 22 de agosto en Mónaco y terminará el 13 de septiembre en Granada tras 21 etapas y 3.275 kilómetros, cuenta con apenas cinco colombianos: Santiago Buitrago (Bahrain Victorious), Harold Tejada (XDS Astana), Iván Ramiro Sosa (Kern Pharma), Juan Guillermo Martínez (Picnic PostNL) y Juan Felipe Rodríguez (EF Education-EasyPost). Es la representación más baja desde 2011, empatada con 2021, 2016 y 2013. Egan Bernal no está en la lista, y Nairo Quintana quedó fuera de la nómina de su equipo pese a haber manifestado su interés en correrla.
Lo que el dato no dice
Cinco corredores en una gran vuelta no es una sentencia de muerte, pero sí un síntoma. El ciclismo mundial se volvió más rápido, más plano en su exigencia y más dependiente de estructuras de formación con presupuesto, tres terrenos donde Colombia perdió ventaja comparativa. La montaña ya no basta.
La respuesta a «por qué escarabajos» es histórica y no cambia. La respuesta a «quiénes serán los próximos escarabajos» está sin escribir, y depende menos de la genética de altura que de si el país vuelve a invertir en la base que produjo a Hoyos, a Herrera y a Bernal.






