Desde la tribuna y como un hincha más, James Rodríguez terminó su segundo Mundial. No jugó ante Inglaterra por lesión. Debió vivirlo todo desde afuera y terminó hundido en lágrimas.

Es el dolor que significa la caída de su equipo, de su país, de sus compañeros. Esta vez una lesión en el sóleo de su pierna derecho le quitó la posibilidad de ayudar en la cancha. No pudo ser. En el día del partido definitivo, James Rodríguez estuvo en la tribuna y fue espectador de la eliminación.

La Selección Colombia sin él en la cancha llevó la llave hasta los penaltis. Empató agónicamente 1-1 y obligó a esa definición. Cuando se dio el empate, James Rodríguez lo festejó a rabiar. Estaba junto a Miguel Borja, Pascual Lezcano y Esteban Cambiasso. La alegría fue enorme.

Tanto como la frustración de la derrota. En la definición por penaltis ganó Inglaterra y eso causó llanto en los colombianos. James Rodríguez fue uno de ellos. El 10 no evitó la frustración. Había bajado a la cancha a alentar a sus compañeros y desde allí vivió los cobros.

Al final, James Rodríguez se sentó en el banquillo y ahí lloró. La tristeza se apoderó de él. Terminó yéndose del Mundial con lágrimas en los ojos, tal cual le pasó hace 4 años ante Brasil. Ahora le pasó sin siquiera poder jugar. Estuvo en un partido completo y 30 minutos de otro par. Hizo dos pases de gol.

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