Aguantando el partidillo de fútbol tenis, como quien no quiere despedirse dándole largas a cualquier cosa que se le interponga entre aquello que disfruta y la hora de decir adiós: así parece transcurrir uno de los últimos entrenamientos de Luis Manuel Seijas con Independiente Santa Fe.

Y es que él se ha erigido como la figura del equipo en la Liga Águila 2016-1 y la Copa Libertadores, pero abandonará la que fue su casa desde su regreso en 2014, la misma que lo había acogido en 2008 como una de las jóvenes figuras de la administración que le ha dado más títulos al equipo en toda su historia. Se irá antes de tiempo por el deber patrio que lo llama a representar a su Selección Nacional de Venezuela, quizá la única que hasta ahora ha estado al nivel de los colores rojo y blanco del equipo de Bogotá. Luego se mudará a Porto Alegre, Brasil…

Como es de esperarse, su presencia es ahora la más perseguida por medios e hinchas, que buscan afanosamente una palabra, una foto o una firma del ‘crack’. Los hinchas lo tienen cerca, pero ya lo sienten lejos, y la congoja invade un poco las miradas ansiosas que no saben qué decirle, como si estuviera a punto de montarse en un avión para no volver. Pero no es así: dice que volverá. Cada diciembre, si puede. Pero eso no calma la angustiosa emoción de los que se le acercan para pedirle una foto, un autógrafo, otra foto, una en grupo, otra foto con la misma persona de hace un rato…

Una pregunta se repite incesantemente: ¿qué mensaje le deja a la hinchada? Su respuesta es la misma siempre; el agradecimiento, el cariño, la paciencia, los lleva en el corazón, etc… Pero lo que más le puede quedar a la hinchada es la imagen de su ídolo, el de la camiseta que vale por dos 10, emocionado y pesaroso de irse de la ciudad en la que planeó su vida, y la que deja para buscar que su gloria futbolística se extienda a nuevas fronteras. “¿Ya aprendió portugués?”. Ríe, y no contesta nada claro; como quien no quiere hablar de lo inevitable.

De Santa Fe Seijas se lleva principalmente amigos, pero “más que amigos, hermanos”, aclara. Anchico, Otálvaro y, por supuesto, al ‘calvo’ Ómar Pérez, quien pasó por una vez a segundo plano y se escabulló de los medios aprovechando el furor por el Venezolano. “Fue él quien me pidió jugar con la 20”, dice con humor Seijas sobre este sábado, cuando jugará con la 10 de Pérez, y probablemente use la cintilla de capitán también.

Con el argentino dice que forjó una amistad muy fuerte, pero habla en general sobre los amigos que deja: “Esa amistad que hemos cultivado es algo que no tiene precio, algo que nunca nadie nos va a quitar”, asegura. Esa, dice, “es la parte que más me va a doler de irme de este equipo”.

“Seijas, una foto”, vuelven a pedirle. “¿Otra vez?”, murmura; “¿cuántas fotos?”. Se desespera un poco pues desde que terminó de entrenar ni los medios ni los hinchas le han permitido cambiarse, y lo obligan a quedarse de pie con ese uniforme de entrenamiento que ya le pesa por todo lo que significa, y porque ya se nota lo complicado que le resulta desprenderse de él. A nadie le gusta despedirse, y el quiere postergar ese momento al máximo, pero el cariño de la gente lo sigue a cualquier parte por la sede de entrenamiento del club.

Incluso ese hincha con pinta de Barrabrava que al fin consigue sentarlo y decirle en la jerga de la tribuna popular cuánto lo aprecia la Guardia Albirroja Sur, cuánto lo van a extrañar y cuán especial es. Aunque sus palabras no sean esas, esa es la forma de decirle gracias, y que ha sido todo un gusto compartir con él.

Finalmente se safa de los últimos hinchas que ya no saben qué pedirle, como si no lo quisieran dejar ir a ningún lado. Entra al camerino a cambiarse por fin, después de más de una hora de ires y venires, las mismas preguntas de los periodistas y el asedio constante. Pero sobre todo puede llevarse sonrisas emocionadas de agradecimiento que, sin palabras, solo le repetían que lo quieren, y que ya es un ídolo histórico del Independiente Santa Fe.