Del egoísmo de los dirigentes a la crudeza del fútbol formativo

Ya es muy difícil trascender en el fútbol profesional como para los dirigentes sigan metiendo el palo en la rueda.

El esfuerzo es la base del éxito, no quepa la menor duda, pero todo aquel que ha llegado a alcanzar lo segundo, sabe que lo primero no es suficiente. En el mundo del fútbol hay miles de historias para contar donde muchos se quedaron a puertas de una oportunidad de ser profesionales. Por la razón que sea, pero no es un secreto que menos del 1% de jóvenes que práctica para ser futbolista llega a serlo, no solo en Colombia, sino en el mundo.

Ahora, también hay que ver los escenarios para cumplirlo. No es lo mismo tratar de ser profesional en Colombia que serlo en España o Argentina. En otros países hay campeonatos integrados a sus respectivas federaciones que llegan incluso hasta la quinta división, con sistemas de ascensos y descensos que le permiten a sus jugadores soñar con trascender, bien sea con un equipo o a nivel individual con clubes de divisiones superiores que se fijen en ellos.

En Colombia es otro cuento, aquí hay intereses de por medio que impiden que la Primera C sea vinculada con la Dimayor. Para 2021 hubo una luz de esperanza, pero los directivos de los equipos pequeños, que son los que mandan en nuestro fútbol, dijeron que no. No se pudo integrar la categoría y con esto se cerró la puerta para que jugadores que se forman en las categorías inferiores en los 36 clubes adscritos, puedan foguearse a nivel profesional y competitivo.

Poniendo ejemplos, podemos ver a uno de los flamantes refuerzos de América de Cali para esta temporada: el goleador argentino Facundo Suárez, quien viene de marcar más de 20 goles en el fútbol de Bolivia. Tiene 28 años y poco a poco ha ido escalando para llegar a un equipo grande del continente, pero cuando tenía 23 años, estaba jugando en el torneo Federal B de Argentina: la cuarta división en el fútbol de su país. Para 2020 con 25 años, seguía en tercera.

¿Será que un jugador de fútbol en Colombia que a sus 25 años no haya comenzado a sumar minutos al menos en la Primera B sigue soñando con mantenerse en la profesión? Difícil. Pero, como escribí en el título, esto es para reflejar la crueldad que hay en el fútbol formativo. Los que casi llegan, los que tuvieron que dedicarse a otra cosa porque se cerraron las puertas.

Hace no mucho tiempo hubo un comentario que le hizo soltar la lagrimilla a más de uno. Cuando Millonarios anunció la renovación de Carlos Andrés Gómez, talento chocoano que ya fue vendido a la MLS, en Facebook hubo un usuario que puso un comentario difícil de leer.  “Sin palabras, viejito. Jugamos juntos en el Real Quibdó y ahora tú eres profesional y yo un bandido que llevo dos ‘canazos’“. Jodido, ¿no?

Sin embargo, hay quienes dudan sobre la veracidad, pero estamos en Colombia y no es difícil encontrar historias similares. Marino Hinestroza, jugador que se formó con Orsomarso SC, pasó por América de Cali y hoy está en Pachuca de México, contó el trasfondo de una celebración con una pistola, cuando estaba con Palmeiras B. “Crecí con 20 amigos en mi favela. 1 murió, más o menos 7 están presos, 4 tienen un trabajo digno. Los otros que jugaban al fútbol en su entonces, 5 eran mejores que yo. Ahora yo soy el único que juega fútbol. Unos están en la cárcel, otros andan en la calle disparándose. Mi mensaje es para los ‘meninos’ (niños) que vienen creciendo con el pensamiento de tener una pistola en sus manos, es que pueden tener un arma y disparar a las cámaras“.

Son cosas que se replican si un ápice de orgullo por la histórica situación de nuestro país, y aunque está en las manos de unos cuantos hacer algo para que las cosas sean un poco diferentes, el egoísmo de esos pocos permite que todo siga tal cual como está. El fútbol es el escape de miles de jóvenes para transcender en un país sin oportunidades, pero se cierran puertas en lugar de abrirlas.

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