La mayoría de productos que encontramos en un supermercado tienen una etiqueta nutricional. Lo mejor que podemos hacer es leerlas, ya que es necesario informarnos, mediante estos datos, de las propiedades de los alimentos y en general qué es lo que estamos comiendo para estar seguros como consumidores.

En la etiqueta nutricional debe aparecer el listado de los ingredientes, ordenados de mayor a menor presencia en el producto, así como los macro y micronutrientes que componen el alimento.

En cuanto a los ingredientes, hay que hacer una claridad: si el producto tiene más de cinco, la conclusión será que es un alimento altamente procesado y poco “limpio” o saludable, por lo que no debería estar incluido en nuestra dieta. Aquí es importante determinar el porcentaje de cada ingrediente dentro del producto, ya que este también nos dice la cantidad que contiene.

Un ejemplo podría ser las debidas vegetales. Cuando miramos la etiqueta nutricional, la cantidad de elementos vegetales suele ser muy baja, sin embargo, el segundo ingrediente en el listado es el azúcar. La decisión más acertada es entonces buscar otra marca donde los ingredientes sean más beneficiosos para nuestra alimentación y salud.

Cuando hablamos sobre el valor nutricional del producto, lo más importante es que no contenga demasiadas azúcares añadidos ni tampoco sal. Lo que más se recomienda es escoger alimentos que tengan un buen aporte de fibra, así como de proteína, cuando este lo permite; además, el porcentaje de carbohidratos también debe ser otro punto de partida para analizar si es mucho o poco y si le conviene a nuestra dieta y a nuestro organismo.

En cuanto a los avales de las sociedades científicas, no nos dejemos engañar. Esto no es garantía que el producto sea saludable, lo cierto es que si tiene este aval, puedo que no cause un daño grave en nuestro organismo, pero no implica que deba ser consumido sin tener en cuenta sus propiedades.