8 febrero 2017 - Por: feligaitan

Un golpe a la fe


Foto: As Colombia

¿Qué decir? Millonarios luchó sin freno por forjar la remontada. Pero a veces los bríos no son suficientes argumentos. La combatividad no se equilibró con la claridad y el fútbol. Así y todo, Jhon Duque encontró el empate, pero la serie de penales castigó al ‘Embajador’ al que la fe no le bastó.

El Millonarios de Russo en sus primeras puestas en escena parece un equipo diseñado para el vértigo, que no para el juego corto y las sociedades. Esa disposición impetuosa genera imprecisiones constantes, pero también la sensación de que puede llegar el riesgo ofensivo en cualquier contexto.

Los libretos estaban sobre la mesa. El ‘Embajador’ quiso salir a arrollar a fuerza de potencia a un Atlético Paranaense que no llegó a El Campín a refugiarse ante es que el oxígeno empezara a escasear. De hecho, el equipo de Paulo Autuori estuvo ad portas de sorprender a Millonarios cuando apenas transcurrían tres minutos de juego.

Un aviso que colmó el nerviosismo. El ‘Furacão’ dio una declaración de intenciones: no llegó a especular y buscó aprovechar la ansiedad de Millonarios para asegurar la serie. No obstante, con el discurrir del juego, el equipo de Russo fue imponiéndose en el desarrollo. El ímpetu, la agresividad, la velocidad y la potencia, como argumentos. La claridad, en cambio ausente.

Allí apareció el reparto. Elíser Quiñones y Maximiliano Núñez se hicieron las armas, pero sus aproximaciones se redujeron a centros monótonos en busca de un cabezazo que pudiese romper el partido. Sólo una vez ese método estuvo cerca de forjar alegrías para Millonarios. Centro de Maxi, cabezazo de Quiñones y Weverton, que se hizo figura. Fue la opción más clara del ‘Embajador’ en el primer capítulo.

Pero la carencia era evidente: el equipo azul corría y luchaba, más no tenía manija; alguien que dictara el tiempo y manejara el espacio. Por eso Millonarios se hizo un equipo predecible y Ayron del Valle sufrió en aislamiento, casi sin entrar en el desarrollo del partidos.

Atlético Parananese fue diezmando su ritmo. Apenas natural, más allá de que Autuori minimizara el factor altura. En realidad, el equipo brasileño fue retrocediendo porque Millonarios la asedió. Lo hizo sin claridad, a veces a tumbos, pero nunca hubo rendición. Ese espíritu acabó teniendo recompensa.



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Un ápice de genialidad. Eso era lo que necesitaba Millonarios. Y lo encontró cuando más se necesitaba. Jhon Duque se revistió de crack, ingresó al área, hizo un recorte que desahució a Sidcley y ubicó la pelota lejos de Weverton. Golazo y desahogo. La serie estaba igualada.

Capítulo aparte para Maxi Núñez que se batió y corrió sin miramientos. Fue el pulmón que dio bríos a un Millonarios que suplió sus ausencias futbolísticas a base de combatividad. El argentino jugó el que quizás ha sido su mejor partido desde su arribo al ‘Embajador’.

Por infortunio, esa superioridad física e incluso futbolística no pudo verse reflejada en el marcador. Millonarios lo intentó entre limitaciones pero no supo encontrar la vía para consumar la remontada. El esfuerzo quedó reducido en la serie de penales.

La mala racha en los penales

Se ha vuelto costumbre. La ilusión de Millonarios suele bloquearse en las series de penales en los últimos años. Fallaron Pedro Franco y Maximiliano Núñez. Anotaron Ayron del Valle y Andrés Cadavid. Los brasileños anotaron sin darle una concesión a Vikonis.

El ‘Embajador’ está fuera de la Libertadores de forma prematura. Un golpe futbolístico más para un equipo que lo dio todo. Los reproches, todos, a la junta directiva que no previó que un torneo de este nivel urge de respaldo genuino en los administrativo. Sin eufemismos y el reclamo de toda la afición: jugadores de mayor bagaje internacional.










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