18 diciembre 2016 - Por: mgalvis

El camino de Santa Fe hacia su novena estrella


Foto: VizzorImage / Felipe Caicedo Foto: VizzorImage / Gabriel Aponte

El 2016 de Santa Fe ha sido tan complicado como variante. Con todo y esto, el club sacó la casta y llegó a una final que hasta hace algunos meses muchos veían como utópica y hasta inmerecida, pero que sacó adelante con creces con su novena estrella.

Después de un primer semestre para el olvido, en que no pudo pasar de primera ronda en Copa Libertadores ni de los cuartos de final en la Liga Águila 2016-1, además de pasar un papelón a nivel institucional por el altercado entre Ómar Pérez y Gerardo Pelusso —que derivó en la llegada de Alexis García– el equipo se recuperó poco a poco en el segundo semestre.

Y es que el inicio de García no fue del todo malo, pues incluso viendo globalmente su gestión los números lo avalaban. Su caso demostró que los resultados no lo son todo; la hinchada lo resistía aún en las victorias y terminó saliendo después de perder jugando buen partido contra Sevilla en la Copa Euroamericana.

Entonces volvió Gustavo Costas, a quien el presidente César Pastrana ya quería para reemplazar a Pelusso, pero cuya desvinculación del Atlas de México llegó una semana tarde. Sus inicios no fueron tan buenos. De hecho recibió reiteradas críticas de parte de la prensa especializada que le reprochaba las formas con un equipo ajeno que trató de acomodar lo mejor posible a su identidad futbolística.

El poco tiempo de trabajo del que disponía le jugó en contra y en repetidas oportunidades lo expresaba en ruedas de prensa. Según él, los momentos en que podía entrenar eran los partidos, pues sus dos primeros meses fueron prácticamente así: jugando miércoles y domingos sin descanso. Ganó la Copa Suruga Bank pero cayó en la Recopa Sudamericana y luego la Copa Sudamericana, sembrando dudas sobre el proceso.




Además, Santa Fe se vio privado de su casa desde agosto y solo hasta diciembre pudo volver a jugar en El Campín, algo que le dificultó mucho las cosas aunque también lo volvió fortísimo como visitante.

A partir de esa virtud, el equipo supo salir adelante. No obstante, quizá el momento decisivo para ello fue la ida de los octavos de final de la Copa Águila, el 31 de agosto: ese día Costas se decidió a cambiar el módulo 3-4-2-1 por primera vez.

En adelante el cambio fue impresionante, pues si bien el juego sí se tardó en mejorar, los resultados llegaron y fue más fácil corregir ganando. Los intérpretes cambiaron a lo largo del semestre, al punto que de esa primera nómina con esa figura solo siete jugadores terminaron jugando en el equipo titular de los seis partidos consecutivos de finales.

En el camino el equipo se volvió impenetrable defensivamente, convirtiéndose en el menos vulnerado del torneo incluyendo las finales. El equipo se consolidó defensivamente y pese a que no tuvo la clasificación sino hasta terminada la fecha 20, se veía seguro y con paso firme, a cada momento mejorando y construyendo un mejor grupo.

Contra el Deportivo Independiente Medellín sorprendió ganando ambos partidos sin atenuantes, mientras que pese a empatar con Nacional en la ida de las semifinales, la goleada de la vuelta contra un equipo alterno lo volvió a poner en perspectiva para el título.

La final contra Tolima le costó más que muchos partidos del semestre. Dos estilos similares chocaron y terminaron definiendo el título en un gol milagroso al principio del partido de vuelta. Santa Fe supo salir adelante reconociendo sus debilidades, aferrándose a un estilo que le dio resultado y sintiéndose orgulloso de él.

 








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