28 marzo 2017 - Por: feligaitan

James no necesita redención


El ’10’ zanjó una semana cargada de ruido de la forma en la que mejor sabe: jugando al fútbol. Con la espalda, con el dorso, con la parte del cuerpo que haya sido, su gol empujó a Colombia hacia una victoria bisagra en el Atahualpa.

James se vistió de líder en Ecuador y lo hizo porque encontró en Cardona, Borja y Cuadrado sus socios predilectos. Jugó con libertades tácticas ante la resistencia y equilibrio de Sánchez y Aguilar. Fue una Colombia solidaria y total que hoy atisba más de cerca la cima de los montes Urales.

Para darle una mayor carga simbólica, su gol se constituyó en el número 100 de la era Pékerman en la Tricolor. Aquel muchacho taciturno que emergió en Envigado es ahora la máxima expresión de talento que tiene Colombia en un campo de fútbol. Llegó a 19 tantos, esos con las que los hinchas tricolores han vibrado de fervor.

Recordar lo que James le da a la selección Colombia es también un ejercicio de memoria, porque ha dejado una huella ya imborrable con apenas 25 años. Y con certeza lo seguirá haciendo. Tendrá malos partidos, porque es humano. Parece una verdad de Perogrullo que se ha extraviado entre el exitismo y la irracionalidad. El ’10’ puede equivocarse en un terreno de juego y no necesita redención, pues a fuerza de su talento, de sus goles -y, por supuesto, respaldo de sus compañeros- tiene ad portas a la Tricolor de un nuevo Mundial.

Que lo dejen jugar al fútbol. Que no lo atosiguen con flashes y rumores. Que le den la pelota y su zurda se encargue de apaciguar los ánimos. Que las ínfulas y vanidades de la prensa, experta en la crítica, pero sensible y paranoica cuando el boomerang va en su dirección se derroten porque son la expresión de un gremio que ajuicia el error contrario, pero es incapaz de hacer introspección. El gremio de los intocables.

James no necesita redención, repetimos. No requiere tampoco de ningún tipo de reivindicación. Ya ha dado más victorias a Colombia de las que puede soportar, por su exitismo, por la amnesia selectiva de muchos. La imagen del ’10’ haciendo ‘dedito’ generó más ruido del que hubiese debido. Sin contexto alguno la toma fue difundida y se victimizó a los reporteros. El sofisma de que la figura pública debe ser impoluta corroe porque el error, las pulsiones, los sobresaltos hacen parte de la condición humana. Y el futbolista, aunque nos digan lo contrario, tiene derecho a reaccionar ante los juicios despiadados.

Que James responda con el balón. Que rehúya de las controversias y acepte algunas críticas, por fallas, que las tiene. Pero que no caiga en el juego de quienes parecieran ensañados ante su figura. Que el ’10’ siga apareciendo en momentos cumbres y acalle sinmás los cuestionamientos despiadados. Colombia, en las puertas de Rusia, tendrá que agradecer en algún momento que haya nacido en esta tierra.

Por Felipe Gaitán García

 

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